Queridos lectores, si aún los tengo, claro…

Hace casi tres años que ya no escribo, y créanme, pasa por la vida de uno cada cantidad de cosas que le impiden retomar el teclado. Se me olvidó sacar la cuenta de cuántas cosas sucedieron hasta ahora, por el momento, sólo sé que sucedieron. Sin embargo, no he retomado mi blog para hablar de mí, no totalmente, sino para sacar a relucir sobre lo que pienso acerca algunos temas. Hoy quiero que pensemos al respecto de «pensar»…

Pensar @Yoendry

Hace algunos días atrás en algún momento de compartir pensamiento, un gran grupo de personas con las que confluyo constantemente hablábamos sobre la justicia. Realmente se puso compleja la cosa. La justicia, como muchos otros temas filosóficos, son problemas arduos. No como aquéllos que resolvemos en la vida diaria o los que vemos en las ciencias numéricas. Es un problema que exige que pensemos y esto no es todo lo que se nos pasa por la mente. En este sentido, ya se pone más arduo el asunto porque en un solo párrafo  hablé de justicia, pensar y mente. Pero ¿qué es pensar o la justicia o la mente?. Precisamente de esto quiero hablar hoy.

Si nos dedicamos a emitir juicios sobre qué es «pensar» para cada sujeto en particular podremos encontrar cualquier definición que nos «calme» la sed de tapar ese hueco. Sí, para mí, cada definición por muy escueta o profunda que sea cubre esa angustia mínima que nos produce no saber qué es una cosa en sí. Por eso cuando nos dicen una palabra que no conocemos podemos 1. preguntar qué es, 2. suponer qué es o 3. no interesarnos en saber qué es, dándole la cualidad de algo que no sé qué es, pero nunca dejaremos ese nombre en vacío, el nombre va relacionado obligatoriamente con una descripción aunque esa sea no saber.

En ese grupo que les hablé hace dos párrafos me detuve a observar. Todos hacían el esfuerzo de pensar, pero lo que más me llamaba la atención era la cara de las personas. Era una cara que describía, a mi pobre juicio, algo que hacían por primera vez. Porque precisamente se les presentó un problema que no era una suma o una resta, no era un caso clínico, sino precisamente sobre temas que la gente ordinariamente no se somete a dilucidar  ni en sí mismos ni ante otros sino que se arraigan en un punto 3 del anterior párrafo «no interesarnos en saber qué es, dándole la cualidad de algo que no sé qué es…»

Reflexionemos sobre esto, ¿hasta qué punto el ambiente nos permite pensar? O bien ¿en qué consiste para nosotros pensar?

Espero leer sus opiniones, seguramente ya han pensado algo.

Fotografía de Yoendry Prieto. http://www.instagram.com/Yoendry