Para nadie es un secreto que la sociedad en general, el bombardeo de las redes sociales y demás presiones sociales han hecho de una imposición la felicidad. La felicidad como estado sine qua non para el ser humano. Por esa razón, necesitamos CURA para cosas naturales como síndromes depresivos a causa de duelos, abstinencia, situaciones personales. Es decir, no es socialmente aceptable estar triste o renunciar. Por ejemplo, esa persona que desea dejar su trabajo porque no le hace feliz. No estará muy lejos quién le diga que cómo va a ser tan desagradecida para dejar su trabajo habiendo tanta gente que no lo consigue o que de qué va a vivir.

Pensemos en un ejemplo que no quiero hacer religioso pero sí me parece importante traer acá. La renuncia del Papa Benedicto XVI: un hecho impactante. Nadie espera nunca que un Papa renuncie, sino muera. En este caso, solo pongámonos a pensar la dimensión de una decisión de este tipo. No faltaron las críticas, puesto que el ser humano tiene definitivamente esa necesidad de negar las vulnerabilidades de cada uno.

Para hacerlo personal, en mis crisis más duras, me he sentido decepcionado por gente que espero que me apoye pero sin embargo, y aún sin querer, me juzgan. Juzgar es tan fácil como interpretar la realidad del otro desde ti y no desde él mismo.  Es decir, ¿desde qué punto de vista es válido y caritativo acusar de dramático o exagerado a un amigo que te expresa un sentimiento o decisión? Fallamos cuando perdemos de vista el hecho de que las personas sienten sus situaciones como un todo, aunque en la realidad, estos problemas fueran fácil de solucionar.

 

Renunciar, perder, quebrantarse, llorar, cansarse, aburrirse son señales típicas de que somos personas en constante cambio y movimiento, la vida misma es un ciclo que no se detiene, estamos hechos para cambiar.